Sospecha de abuso infantil: cómo hablar con un niño sin influir en su relato
Cuando existe una sospecha de abuso infantil, es natural que aparezcan emociones intensas como miedo, angustia, enojo o incertidumbre. Sin embargo, la forma en que los adultos reaccionan y conversan con los niños puede marcar una gran diferencia.
Una conversación mal conducida puede generar confusión, aumentar el miedo o incluso influir involuntariamente en el relato del niño. Por eso, ante una situación que preocupe a las familias o a los docentes, es importante actuar con calma y priorizar la escucha. Ya que sabemos que este tipo de sucesos nos conmociona y altera.
Como docente, cuando acompaño a familias que atraviesan este tipo de preocupaciones, suelo compartir algunas recomendaciones que pueden ayudar a abordar la situación de manera respetuosa y protectora. Pero, sobre todo, considero fundamental que los adultos tengan un espacio donde puedan expresar la angustia que sienten. Frente a una sospecha, es frecuente que aparezcan sentimientos de culpa, enojo o confusión. Poder poner en palabras esas emociones ayuda a actuar con mayor calma y claridad, siempre priorizando el bienestar y la protección del niño.
1. Mantener la calma
Aunque resulte difícil, es fundamental que el adulto intente regular sus propias emociones antes de iniciar una conversación. Si el niño percibe alarma, enojo o desesperación, puede sentirse presionado, culpable o asustado.
Lo más importante es transmitir disponibilidad, confianza y seguridad.
2. Buscar un momento tranquilo para conversar
Elegí un espacio privado, sin interrupciones y familiar para el niño. Los momentos cotidianos suelen favorecer el diálogo espontáneo. Por ejemplo, si suelen conversar antes de dormir o durante una caminata, esos pueden ser momentos adecuados para escuchar.
El objetivo es que el niño se sienta cómodo y contenido.
3. Utilizar preguntas abiertas
Cuando existe una sospecha de abuso, es importante evitar preguntas que sugieran respuestas o condicionen el relato.
Algunas preguntas que pueden ayudar son:
✅ "Veo que estás preocupado. ¿Querés contarme qué pasó?"
✅ "¿Hay algo que te hizo sentir incómodo o triste?"
✅ "Contame más sobre eso."
En estos momentos, la ansiedad por querer entender lo sucedido puede llevarnos a completar frases o interpretar rápidamente lo que el niño intenta expresar. Sin embargo, escuchar sin anticipar conclusiones es fundamental. Permitir que el niño guíe la conversación, ya que, cuando empiezan a dialogar, logran expresar lo que les pasa.
Por eso, es recomendable evitar preguntas cerradas o dirigidas como:
❌ "¿Alguien te tocó?"
❌ "¿Te hizo algo tu tío?"
❌ "¿Fue en la escuela?"
Este tipo de preguntas pueden contaminar el relato y dificultar una evaluación posterior.
4. Escuchar más de lo que se pregunta
El objetivo de la conversación no es investigar ni obtener pruebas. La función del adulto es ofrecer un espacio seguro donde el niño pueda expresarse libremente.
Frases como estas suelen ser de gran ayuda:
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"Te estoy escuchando."
-
"Gracias por contarme."
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"¿Querés seguir hablando de esto?"
A veces, la escucha atenta es más valiosa que cualquier pregunta.
5. Validar las emociones del niño
Es importante reconocer lo que el niño siente sin juzgar, minimizar ni interpretar.
Algunas expresiones que pueden acompañarlo son:
-
"Entiendo que eso te haya hecho sentir mal."
-
"Gracias por confiar en mí."
-
"Estoy acá para ayudarte."
La validación emocional fortalece la confianza y favorece que el niño continúe expresándose. Debemos tener en cuenta que muchas veces los niños sienten responsabilidad por no haber podido defenderse o evitarlo.
6. No prometer guardar secretos
Cuando surge información preocupante, muchos adultos sienten el impulso de asegurar confidencialidad. Sin embargo, no es recomendable prometer que el tema quedará en secreto.
Una respuesta más adecuada puede ser:
"Lo que me estás contando es importante. Voy a buscar ayuda para cuidarte."
De esta manera, el niño comprende que será acompañado y protegido.
7. Registrar lo sucedido y consultar con profesionales
Ante una sospecha o una revelación, es fundamental acudir a los organismos y profesionales especializados para realizar la evaluación correspondiente.
Las familias no deben asumir el rol de investigadores. Buscar ayuda profesional también forma parte de proteger y cuidar al niño.
Señales que merecen atención
Muchos niños no revelan situaciones de abuso de manera directa. En ocasiones, expresan su malestar a través de cambios de conducta, miedos intensos, regresiones, síntomas de enuresis, dificultades para dormir, alteraciones en el juego o dibujos que llaman la atención.
Es importante recordar que estos indicadores no confirman por sí solos una situación de abuso infantil. Sin embargo, sí justifican una observación cuidadosa, una escucha respetuosa y la consulta con profesionales capacitados para poder acompañarlos de una mejor manera
¿Por qué el juego es tan importante para las emociones de los niños?
La psicóloga Liliana Muhafra, quien colaboró con la creación de este artículo, señala que el juego infantil es una de las formas más importantes que tienen los niños para expresar sus emociones y comunicar aquello que les preocupa. A través del juego, pueden representar situaciones que han vivido, manifestar malestares que no logran poner en palabras y elaborar experiencias que les generan dudas, miedo o angustia. Por eso, observar cómo juegan puede ayudar a comprender mejor su mundo emocional. Además, el juego cumple una función fundamental en el desarrollo emocional infantil, ya que les permite procesar vivencias, reducir tensiones y encontrar una vía saludable para expresar sentimientos de manera espontánea y segura.
Escuchar, acompañar y proteger
Si sospechás que algo puede estar ocurriendo, evitá buscar pruebas o confirmar una hipótesis por tu cuenta. Lo más importante es escuchar.
Es importante entender que es una situación que se puede dar en distintos ámbitos, pero siempre es considerado abuso cuando es por parte de un adulto hacia un niño/a ya que en el caso de que sea entre niños lo sucedido se puede interpretar que es exploración del cuerpo, no como abuso y ahí es otro tema.
Cabe destacar que la enseñanza en el hogar por el respeto del cuerpo propio y por el ajeno deben ser motivo de charla constantes.
Los niños necesitan adultos que puedan creerles, acompañarlos y actuar para protegerlos cuando sea necesario. La escucha respetuosa, la contención emocional y la intervención profesional adecuada son herramientas fundamentales para su cuidado. Es importante anticiparles y conversar con los niños a cerca de las acciones que se tomarán si ellos participarán, como la entrevista con un profesional
Recordemos que el interés superior del niño debe orientar cada paso que damos. Cuando un adulto escucha sin juzgar, acompaña sin presionar y busca ayuda cuando la necesita, está contribuyendo a construir el entorno seguro y protector que todo niño merece.